“La grandeza del hombre está en ser un puente y no un fin; lo que hay en él digno de ser amado es el ser un tránsito y un crepúsculo.”[1]

 

Del paradigma inmunitario al paradigma de rendimiento

El paradigma inmunitario es una contrafuerza que reacciona frente a otra fuerza que debe ser detenida, para ello se instalan normas, prohibiciones, leyes, etc. Ya la terminología biomédica de finales del siglo XIX, comprendía una diferencia entre la inmunidad natural (pasiva) y una inmunidad adquirida (activa inducida). Lo inmune, etimológicamente se comprende como aquello que está libre de obligaciones (munus[2]) con respecto a los demás, el que se ubica fuera del deber comunitario. Estableciéndose la antinomia entre inmunidad y comunidad.

Acostumbrados al discurso (paradigma) inmunitario del siglo XX; aquél que nos presenta una clara división entre el adentro y el afuera, el amigo y el enemigo, lo propio y lo extraño, aquél que se rige conforme al dispositivo militar (recuérdese la guerra fría desde mitad del siglo XX) del ataque o defensa. Lo inmune, no es sólo una cuestión que involucra el ámbito de lo biológico, donde la enfermedad y la salud serán los discursos dominantes y delimitantes; sino que también rezuma en el campo de lo social, donde todo lo extraño debe hacer frente a los dispositivos inmunológicos. La resistencia al interior del paradigma inmunitario es hacia lo extraño propiamente tal, lo ajeno es combatido, aunque no signifique un peligro o posea una intención hostil, es simplemente eliminado a causa de su otredad.

Hoy estamos en presencia a la desaparición de la otredad y de la extrañeza, categorías propias de la inmunología, y en cambio damos la bienvenida la diferencia, que no produce ninguna reacción inmunológica, es decir, la diferencia no genera ninguna enfermedad (por ejemplo en educación se comienza a hablar de capacidades diferentes). Lo inmunitario se comprende sobre la base de la valoración de lo idéntico (Lo Mismo), lo extraño, lo otro será entendido como negatividad. Para Roberto Espósito: “lo que está antes era sano, seguro, idéntico a sí mismo. Ahora está expuesto a una contaminación que lo pone en riesgo de ser devastado.” (Espósito 2005: 10) “La dialéctica de la negatividad constituye el rasgo fundamental de la inmunidad. Lo otro inmunológico es lo negativo que penetra lo propio y trata de negarlo. Lo propio perece ante la negatividad de lo otro si a su vez no es capaz de negarla. La autoafirmación inmunológica de lo propio se realiza, por tanto, como negación de la negación. Lo propio se afirma en lo otro negando su negatividad.”(Byung-Chul 2010: 10). Es decir, la resistencia inmunitaria está orientada contra lo otro o lo extraño: “El sujeto inmunológico, con su interioridad, repele lo otro, lo expulsa aun cuando se dé solo en proporciones insignificantes.” (Ibíd: 12)

Es en nombre de la seguridad de lo idéntico escuchamos comunicacionalmente frases como ‘el combate a la delincuencia’, ‘guerra preventiva’, la ‘lucha contra la pobreza’ o ‘sectores vulnerables’ donde lo otro amenaza peligrosamente la estabilidad, la identidad y la seguridad de lo idéntico (que cae bajo el supuesto de seguridad pública). Esta misma seguridad legitima la violencia sobre los cuerpos (biopolítica) y hoy sobre la psique (psicopolítica). La transición entre una y otra condición está expresada en una serie de acomodaciones y adaptaciones de la sociedad capitalista (y del capitalismo mismo) que han devenido de un paradigma de la inmunidad (donde el cuerpo fue el gran protagonista) a un paradigma de rendimiento, donde la psique será la casa central de operaciones.

Si comprendemos que el paradigma de la inmunidad es el que establece una sociedad disciplinaria (Foucault), que consta de hospitales, psiquiátricos, cárceles, fábricas, etc. Hoy la administración urbana da paso a Centros Comerciales, gimnasios o bien un pequeño emprendimiento que negocia con ‘el estilo de vida sano’. Si antes ‘lo sano’ lo comprendíamos como seguridad, ‘estar libre de contagio’, estaba pensado desde la negatividad (prohibición, deber); hoy lo interpretamos como bienestar, ‘estar en buen estado físico’, está pensado desde la positividad (el poder), donde lo biológico aún posee una fuerza significativa. “La sociedad de rendimiento se caracteriza por el verbo modal positivo poder (können) sin límites. (…) Los proyectos, las iniciativas y la motivación reemplazan la prohibición, el mandato y la ley. A la sociedad disciplinaria todavía la rige el no. Su negatividad genera locos y criminales. La sociedad de rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados.” (Byung-Chul 2010: 16-17) La relación entre uno y otro modelo, nos habla sin más de la transformación que ha sufrido el afán de la maximización de la producción: de una sociedad del deber pasamos a una sociedad del poder hacer.

 

[1] Nietsche, Friedrich. Así hablaba Zaratustra. Editorial EDAF, S.A. Madrid. España. 1985.

[2] “El término comunidad deriva de la raíz latina munus, que significa una obligación de dar de sí mismo para los otros.” (Lemm V.- Vatter, M. (2009) “Introducción a Dossier Biopolítica y Filosofía.” En Revista de Ciencia Política. Vol. 29. N° 1. Pág 127-132)

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